<% Response.addHeader "pragma", "no-cache" Response.CacheControl = "Private" Response.Expires = 0 %> Agustina Roca. Buenos Aires. Poeta, escritora y periodista argentina. Referencias biográficas. Libros publicados. Poemas. Periodismo. Literatura brasileña. Cursos y talleres literarios. Lectura de poesías. Crítica literaria, Cursos de escritura. Interpretación.

Poemas

 

Poemas en Prosa

I

En la pampa los ojos pasean libremente por mares de pastos y arenales: eterno infinito, boca del mundo abierta al universo, lengua que se repliega en sí misma y crea un lenguaje con sabor a membrillos, atardeceres y trigales. Días largos donde el sol tarda en agonizar y el calor se desmaya en ese imperio templado que desdibuja los limites entre la arena y el girasol, las garzas y la laguna, los montes y los pajonales

aquí, la intemperie

la inocencia

 

el hornero termina de construir una sólida choza de barro en la tranquera, frente al gallinero. Detrás, la huerta de árboles vivos con ramas entrelazadas donde cantan pájaros de fuego al amanecer y caen bellotas y bolitas de paraíso. La pampa se despierta, se despereza en silencio. Un inmenso verde que se extiende lentamente para apaciguar ese sol negro, ese hueco que habita las entrañas de todo ser y amenaza con devorarlo todo. Un chimango sobrevuela la copa y se aleja, allá, al gran rostro de arena donde el paso furibundo de caballos ha dejado un señuelo de huellas. Afirmación, quizás, para los ojos del llano, de que existen otros mundos, otras tribus, otros lenguajes más allá de las fronteras de este gran pecho desnudo, de esta orilla, de este llano de tierras desoladas

el linyera dice

que en estos espejos

están las orillas

 

 

II

Detrás de la saga de tus sueños los espejos redoblan sus rostros que danzan en la orilla. Sombras se escabullen en la arena y contonean sus cuerpos al son de los atabaques que vienen de la tribu, aquella, anclada en la espesura del monte, en ese codo perdido de la pampa donde se abre la noche del desierto, vuelan las águilas, se agitan los paraísos y los cánticos explotan y callan en el montículo de rocas devastadas

dicen que el silencio nació en la pampa

el sol cae a latigazos y arruga las margaritas silvestres que luchan por respirar entre hierbas secas. Todo se desploma bajo el sol. Nace la sed. Y el hambre. Ella corre tras un cardo para plegarse a esa rueda que rueda y rueda por los caminos y atraviesa alambrados. Y penetra en la bruma, en lo invisible, donde todo se desdibuja y sólo resplandece el rocío de las hojas.

 

¿alguien puede explicar algo?

 

las chicharras cantan enfurecidas. Y, en esa soledad de la pampa sólo quebrada por alguna liebre, ese canto encrespado, estridente, es la voz de la tierra. Y sus mensajes oscuros, indescifrables, llegan como la agonía de un trueno lejano. El hechicero agita sus palmas, tensa su cuerpo, lo dobla y lo sacude, clava sus rodillas en la tierra y solloza. Su boca se llena de espuma. Redoblan los tambores. ¿Hacia dónde vamos?

 

todos danzan alrededor del fuego

todos gimen

y se lamentan

 

los espejos devuelven la imagen en llamas y rostros que se desdoblan, ritual de espirales donde giran ojos bocas dedos sexos

 

bailan chispas

en el viento

 

las sombras se escabullen entre los brazos lánguidos de los eucaliptos en busca de los espejismos de las nuevas tierras.

 

¿por qué nos trajeron espejos?

 

 

 

III

El sol, como una inmensa bola de fuego, rasga la tierra y esconde su rostro. El aire se tiñe de rojo. Los cascos de los caballos repiquetean en la tierra seca entre un enjambre de perros que afilan sus dientes en el aire

¿dónde queda el oeste?

allá, en el desierto, donde ruedan cardos

                       y duerme el sol

 

ella se pierde. Entra al monte de pinos y eucaliptos. Abertura negra que palpita y se retrae y devora. Y su cuerpo cae en otro cuerpo, y en otro cuerpo, y en otro, de muchos rostros que se multiplican en los espejos de las hojas. Cantan las mariposas y su eco retumba tomba tumba y se enquista en hojas frutos pájaros

 

-quiero vivir en el sueño, dice la sombra

-todo es un sueño, contesta el espejo

 

ella corre por detrás de la sombra pero esta se pierde, a zancadas, entre los trigales, ese mar amarillo que se agita perezoso y acolcha en su gran útero un jardín de alimañas. Tierra del oeste donde pasta la melancolía, los poemas de Molinari, y las langostas en verano. Paisaje de piedras y de llanto, de pastos secos y de árboles, únicas figuras en esa intemperie sin fin, imágenes que llegan, después de un largo camino, en la otra cara de los espejos

 

cada rostro, una, muchas máscaras

 

el hechicero prepara brebajes para la tribu. Sal tilo esencia de ala de mariposa impregan las paredes de la casa de adobe. Por sus ventanas canta el viento

 

"Me consumí por la Belleza", dice la poeta de Amhers,

en 1852, mientras riega tulipanes en su casa de ladrillo

 

ella busca la sombra, corre por los caminos levantando llamaradas de arena. Nubes de polvo que convierten la visión en espejos. Todo se vuelve plateado. Ella corre hacia la huerta, hacia esa "su" parra

 

en el medio, brilla el totem de la infancia

 

 

IV

Ella llega al limite, ahí, en la laguna. Su espejo refleja ese inmenso rostro que es la tierra dónde sus tribus se disputan el hambre y la osadía.

 

de dónde vienes, pregunta la lechuza en el poste

 

ella no responde. Hunde sus manos y sus pies en la tierra para sentir la humedad, sus pliegos y sus ritmos. La respiración de la noche se ahueca, de esa noche, la noche de la pampa, abierta y húmeda, vientre gestando o, simplemente, hoja que se desprende del árbol solitario. Ese que está ahí, en el centro de la pampa, templo de pájaros y de sueños.

 

oficio sagrado, rincón del monólogo

alimento del diálogo

 

ella avanza, cava pozos, poda árboles, duerme en grutas de hojas, amanece al lado de la tranquera, atraviesa el mar, camina por arenas, salta dunas. El espiral recomienza, siempre vuelve al llano, al descampado. Nostalgia de su horizonte, de su sombra enfrente al mediodía, del árbol solo, del sopor de las siestas, de los higos arrancados a escondidas, de las cacerolas de barro donde flotan dulces, de la música nocturna del molino, de las velas, del ritmo de los grillos, de la mirada del padre perdida entre pastos y estrellas. Y todas las rutas que anuncia esa gran intemperie, ese vientre desamparado. El agua del tiempo serpentea en las zanjas, se alborota y continúa. Allí, en la tierra seca, todo termina y recomienza. Rueda, vida y muerte, larvas que se vuelven mariposas, mariposas en polvo, polvo que regresa a alimentar nuevamente a la tierra. Ciclo que se agota y recomienza.

 

-¿ cuál es el origen?

- los montes las garzas el fuego

-los desencuentros

-el infinito

 

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